Mostrando entradas con la etiqueta Raimon. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Raimon. Mostrar todas las entradas

martes, 16 de mayo de 2017

RAIMON EN EL MADRID FRANQUISTA

Venturas y desventuras de Raimon en aquel Madrid franquista







“Qui perd els orígens
perd identitat”

“Jo vinc d'un silenci”



La primera vez desde 1939 que en Madrid se pudo escuchar el catalán sobre un escenario fue, casi con toda seguridad, el 1 de noviembre de 1965. Ahora, cuando Raimon está cerrando su carrera musical en el Palau, bueno será que desde aquel mismo Madrid, pero 52 años después, recordemos que quién primero nos hizo escuchar a los madrileños la lengua de Ausias March o Salvador Espriu fue él. Y de paso, comprobar lo poco que le gustaban a Franco sus cantos. En cualquier sitio en general, pero en la capital del reino especialmente.

Es un dato aceptado casi universalmente que el primer recital de Raimon en Madrid tuvo lugar en la Facultad de Económicas de la Universidad de Madrid el 18 de mayo de 1968, aquel que acabó como el rosario de la aurora y que dio lugar a una inspiradísima canción. Sin embargo es una pista falsa, pues en realidad el cantautor había actuado ya en Madrid dos años y medio antes, en un problemático concierto organizado por el Club de Amigos de la Unesco de Madrid (CAUM), un centro cultural progresista y antifranquista fundado en 1961, pionero de la gran cantidad de centros similares que inmediatamente se abrieron por todo el Estado, también en Barcelona.

La idea era difundir “El Correo de la UNESCO”, la revista mensual en castellano de la  Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, que aunque apolítica y básicamente antropológica y científica significaba en aquella España de la Dictadura un soplo de libertad y conocimiento. Con aquel acto pretendían ofrecer una idea exacta de lo que era la asociación, sus objetivos y sus principios. En la primera parte estaba previsto proyectar un documental sobre la Unesco, seguido de un recital sobre “La poesía y la Paz”, con textos de Pedro Salinas, Miguel Hernández, Ángela Figueras, Ramón de Garciasol y Nicolás Guillén que declamarían los actores del grupo teatral del Club, y la escenificación de un cuadro de la obra “Historias para ser contadas”, del argentino Osvaldo Dragún, entonces una promesa y luego una brillante realidad del nuevo teatro latinoamericano.

Pero el número fuerte, sin embargo, el que debía ser el principal atractivo de cara al público joven y comprometido al que se quería llegar con el espectáculo, era la presentación en Madrid del cantautor valenciano Raimon, que desde hacía un par de años había descubierto, primero a los catalanes y luego al resto de los españoles, que la canción no era sólo una forma de entretenerse o bailar, sino también de sentir, de denunciar y de expresar en versos y música lo que muchos pensaban en prosa. Así lo entendía desde luego el CAUM, que en su boletín, que se prohibiría pocos meses después, publicó un artículo que dejaba clara la identificación y el respeto por su obra apenas iniciada: “Faltaba una canción popular digna, sin concesiones ni memeces epilépticas y entontecedoras, una canción que aportase creadoramente, que hiciese de la poesía cantada un medio estimulante y renovador para la juventud, que pusiese letra y música al servicio del progreso humano, mediante la interpretación honesta de la realidad, con un sentido crítico, valiente y sano. Raimon, el poeta que canta para el pueblo, se ha ganado la simpatía de la juventud con sus canciones en catalán, convirtiéndose en ejemplo y guía de los que medran con sones facilones”, explicaba el artículo, que acababa con una selección, en el catalán original, de algunas estrofas de las canciones de Raimon, encabezadas por un fragmento de “Al vent”, que ya era todo un himno popular en los ámbitos políticos y culturales antifranquistas, no sólo los catalanes.



El CAUM estaba viviendo aquel año un proceso de rápida expansión, lo que, como era de temer despertó el ojo del policía que el régimen siempre tenía abierto, y decidieron celebrar un acto por todo lo alto. Ni cortos ni perezosos pidieron las autorizaciones oportunas y alquilaron nada menos que el Teatro de La Zarzuela, 1.200 localidades a 15 pesetas la butaca de patio. Desplegando todo el entusiasmo de que eran capaces, y eran capaces de mucho, los socios llenaron los muros de Madrid de enormes carteles anunciadores. Y Raimon como estrella.

Es imposible entender los criterios censores de aquel Ministerio de Información y Turismo, regido entonces por el ilustre superviviente profesional Don Manuel Fraga Iribarne, pero es de suponer que tanta actividad de aquellos rojos del CAUM y la mala fama que ya les merecía el valenciano debió romperles el colmo de su paciencia. Aquel lunes uno de noviembre todo estaba preparado, el aforo vendido por completo, Raimon en Madrid y el escenario con decorado propio, una multitud de siluetas recortadas que había diseñado para la ocasión el pintor Manuel Calvo, miembro de Estampa Popular y socio del Club. Un oficio de Gobernación dio por la mañana la orden de suspensión del acto. Sólo un descubierto legal --la posibilidad de cualquier asociación de convocar cualquier tipo de actos en la sede propia (desliz que pronto sería reparado)-- permitió que el recital finalmente se celebrara, aunque no ya en el teatro, sino en la sede del CAUM en el siete de la Plaza de Tirso de Molina.

A pesar de que hubo dificultades para comunicar el cambio de local, y de que al nuevo recital sólo estaba permitida la entrada de los socios del CAUM, mucho antes de la hora de comienzo el Club estaba ya hasta los topes. Todavía no se había acabado de colocar la decoración cuando comenzaron a llegar los primeros espectadores, que pronto llenaron el salón de actos y luego los pasillos hasta acabar por ocupar las escaleras, salir a la calle y desparramarse por la plaza. Fue preciso improvisar sobre la marcha unos altavoces que se colocaron en los balcones para que todos pudieran escuchar el recital.

Se cumplió el programa completo, aunque lo que sin duda se convirtió en un recuerdo imborrable para quienes asistieron fue la actuación de Raimon. En las imágenes que por fortuna quedaron de aquel momento casi se puede escuchar al cantautor, tan joven que no cumpliría los 25 años hasta el mes siguiente, que con el pie derecho subido en una silla de tijera y la guitarra apoyada en la pierna interpretó ocho de sus canciones más populares, de entonces y de después: “Ahir (Diguem no)”, “Al vent”, “Som”, “La pedra”, “La nit”, “Canço de les mans”, “D’un temps, d’un país”, y “Cantarem la vida”. 







Los asistentes aplaudieron hasta romperse las manos, acompañaron con sus voces algunos de los temas y al final se arremolinaron ante el cantante para que les firmara algunos de aquellos primeros discos que ya había grabado. En la calle, escondidos a la vuelta de la esquina, una furgoneta de la policía y varios agentes uniformados vigilaban que la cosa no se saliera de madre. Habría que ver cuantos sociales de paisano circulaban entre la gente con el oído atento y la pistola dispuesta. No hubieran hecho falta, pues nada pasó, pero allí estaban. Por si acaso.

A Fraga debió parecerle brillante aquella idea de prohibir el recital del Teatro de la Zarzuela, pensando quizás que dejándolo en acto interno perdería su mordiente, pero el tiro le salió por la culata. La voz de Raimon no se silenció en Madrid por ello, sino que se amplificó en los años siguientes, y el CAUM, por su parte, en lugar de reducir su presencia social, la aumento, pese a la ola de prohibiciones y cierres que seguirían. Por dar sólo dato: aquel mismo día, probablemente con la motivación principal de escuchar a Raimon, se inscribieron en el Club 47 nuevos socios, condición indispensable para asistir al acto. Entre ellos figuraban algunos cuyos nombres se harían populares con el tiempo, como el autor de historietas dibujadas, escritor y profesor universitario Iván Tubau, el sociólogo Vidal de Nicolás, el periodista y novelista Javier Alfaya, Sabina de la Cruz, esposa del poeta Blas de Otero, o José Luis Núñez, que con el sobrenombre de Patri ocuparía un lugar destacado en la creación de los primeros despachos laboralistas, en la organización de abogados del PCE y en su posterior Grupo Parlamentario.


En la calle, la gente escucha por los altavoces de los balcones,
a la vuelta de la esquina la policía vigila

La verdad, hay que insistir en ello, es que al franquismo no le gustaba Raimon, como sigue sin gustarles a sus continuadores. Ese es un galardón ganado a pulso por el cantautor que nadie puede menospreciar. Ninguno de sus tres recitales madrileños de aquellos años estuvo libre de problemas, represión y prohibiciones. Los tres fueron, pese a ello, gritos de libertad que tuvieron singular resonancia en la vida cultural y política de Madrid y alrededores.

Ya hemos visto, quizás con demasiado detenimiento, aunque se lo merezca por lo desconocido, lo sucedido aquel 1 de noviembre de 1965, pero no hay que echar en saco roto el 18 de mayo de 1968 y la presencia de Raimon en la Facultad de Económicas. Lo había organizado el SDEUM (Sindicato Democrático de la Universidad de Madrid) y los estudiantes, en un momento álgido de su lucha, asistieron en masa, escucharon con fervor, cantaron con entusiasmo y luego se desparramaron por el Campus exigiendo justicia y libertad. Quien mejor lo contó, naturalmente, fue el propio cantautor.




O seis años después, cuando recién muerto el dictador abarrotó el Palacio de Deportes, y con toda la oposición política democrática en la primera fila, de los todavía clandestinos comunistas a los ya semilegales democristianos, desafió a los agonizantes continuadores del dictador que daban sus últimos pero violentas dentelladas. Si dio, y por fortuna se grabó, el primero de los cuatro recitales previstos, pero se prohibieron los otros tres que estaban programados.

En estos días de despedida de los escenarios, los madrileños --o algunos al menos, como servidor-- debemos mostrar nuestro agradecimiento a Raimon. A más de por la excelente calidad de su obra, que en un artista es siempre lo primero, por haber estado siempre ahí. Antes, en los tiempos difíciles, poniendo Catalunya ante nosotros, su cultura, su poesía, su idioma, su historia, sus gentes, su propia existencia. Luego, en años no tan fáciles como deberían haber sido, aparte de por haber seguido componiendo y cantado excelentes canciones, por haber continuado ahí, sin perder los orígenes, sin perder la identidad. Gracias, compañero, ya quedamos cualquier día en algún hogar del jubilado y nos echamos unos cotilleos.




..........................

Este artículo ha sido publicado originalmente en el Boletín de la Fundació Alternativa de Catalunya.
..........................

Fotografías: Manuel de Cos Borbolla (Rábago, Cantabria, 1920). Socio fundador del CAUM, soldado de la República, preso político, guerrillero y militante clandestino, comunista, pre-ecologista y fotógrafo.

Por ese tiempo que Raimon cantaba en Madrid, De Cos, comercial de profesión, había descubierto una verdadera vocación por la fotografía, especialmente en el terreno de la documentación de la actividad de los partidos y organizaciones de la izquierda española y de la conservación de la naturaleza. Fruto de esa vocación es un monumental archivo de imágenes sobre ambos temas, que llega hasta ahora mismo, con cientos de miles de fotografías y decenas de miles de horas de grabación en vídeo, digital y super 8. Buena parte de esa colección se conserva en la Biblioteca Nacional, la Fundación Botín y Comisiones Obreras.

En la fotografía adjunta, se le puede ver, casi en la actualidad, cuando ha incorporado a su arsenal fotográfico todos los adelantos técnicos más modernos, utilizando todavía su vieja cámara soviética, que tenía ya en aquella época y con la que probablemente hizo las fotos del reportaje. (Ver declaración autobiográfica y de principios)







lunes, 19 de mayo de 2014

RAIMON EN ECONÓMICAS. Mayo 1968

Raimon en Económicas. Un recital histórico
Madrid, 18 de mayo de 1968







Tal día como ayer, 18 de mayo, pero de 1968, hace nada menos que cuarenta y seis años, tuvo lugar el famoso concierto de Raimon en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Complutense de Madrid, que además de la importancia que pudiera tener para la historia de la canción popular del Estado Español se convirtió en el acto más representativo y destacado de la participación patria en aquel mayo revolucionario que sacudió al mundo en tal mes y año. Me apetece recordarlo, y para ello he recuperado dos textos de muy diferente fecha que creo complementarios.
El primero de ellos es contemporáneo del recital, publicado a comienzos de junio de aquel mismo año en la revista DISCÓBOLO, en la que yo había comenzado a escribir apenas a comienzos de 1968 y en la que ya había salido una crónica del recital. En este caso se trata de una especie de reportaje-diario-entrevista en la que se describen las actividades de Raimon previas y posteriores a la actuación a lo largo de la semana que pasó en Madrid. Leído ahora me llama la atención que sea, sin duda, el artículo más de “fan” que he escrito en mi vida. Hay que entenderlo, yo era un  jovenzuelo de 19 años, que acababa de comenzar a publicar, que conocía por primera vez a un artista del prestigio y la categoría de Raimon (También en esa misma semana a Pi de la Serra y Paco Ibáñez). Babeaba.
También me sirve la relectura de este viejo artículo para comprobar la relatividad de la memoria. En mi cabeza han quedado muy claras las cosas que cuento en el segundo escrito, pero se me han borrado por completo alguna de las que aparecían reflejadas en aquella crónica-diario. Por ejemplo, ni recuerdo de que Raimon también actuara en el colegio mayor Chaminade durante aquella semana, o que le prohibieran un recital junto a Paco Ibáñez en la Escuela de Arte Dramático. Al transcribirlo no he corregido ni una coma ni una concordancia errónea, ni un tiempo verbal, que como se verá, estaban bastante destemplados.
El segundo escrito se publicó en EL MUNDANO con motivo del 40 aniversario del recital, y en él relato con mayor o menor apasionamiento, lo que no pude contar en el momento de los hechos: las circunstancias y el significado político de aquel recital.
No he encontrado en youtube ningún vídeo en el que Raimon interprete “18 de maig a la villa” (al comienzo de estas notas aunque está enlazado el audio), pero sí una curiosa versión a cargo del británico James Hollingsworth.
Como ilustraciones musicales, incluyo el disco en el que recogió su recital también en Madrid de 1976, que también tuvo problemas con la prohibición de tres de las cuatro actuaciones que estaban previstas y que podría servir de banda sonora de estos recuerdos. Cierro con dos canciones míticas, “Al vent” y “Diguem no”, ilustradas con unas estupendas fotos de Manuel de Cos de la primera actuación del cantautor en Madrid, en Noviembre de 1965 en el Club de Amigos de la Unesco de Madrid, también problemática.






 DISCÓBOLO. 8 JUNIO 1968

Después de tres años de ausencia, Raimon por fin ha actuado en Madrid. Ha sido la Unión del Departamento de Actividades culturales quien se encargó de enviar a uno de sus miembros a Barcelona a hablar con el cantante y acordar con él las fechas de la actuación; después, hablar con el decano de Económicas y el Rector de la Universidad fue el siguiente trámite y, por fin, el jueves día 16, Raimon se encuentra en Madrid dispuesto a pasar una larga semana que acabará haciéndose agotadora. Ya dimos un anticipo de su actuación y hoy vamos a resumir aquí el diario de estos ocho días de Raimon en Madrid.

VIERNES, 17

Ocho treinta de la noche. Ensaya en la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas y vigila la instalación de los micrófonos y los altavoces en el  hall de la facultad. Se entrevista también con los delegados de actividades culturales de varios centros con los que revisa la confección del programa que se entregará a la entrada del acto en el que se encuentras traducidas todas las canciones que va a cantar.

A la salida de la facultad aprovechó la ocasión para aclarar algo su tan comentado cambio de casa grabadora.

--Bueno, verás, mucha gente estaba creída que nuestra mejor ayuda era tener una casa grabadora para nosotros solos, que en este caso era Edigsa; pero llegó un momento en que el cambio era aconsejable.

--¿Con que discografía estáis ahora?

--Estamos con Discophon, que ha creado una nueva sección que se llama “Inici”, y que llevaremos Quico (Pi de la Serra) y yo. En ella vamos a intentar que graben todos aquellos que tengan algo interesante que decir con su canción, ya sean catalanes, gallegos, cascos o castellanos.

Tras esta conversación, que continuaríamos en los días sucesivos, nos separamos. A cenar y a dormir luego.

SÁBADO, 18

Durante toda la mañana del sábado está descansando en su hotel, mientras en la Facultad se preparan para el acto vespertino. Raimon llega a la Facultad a las cinco de la tarde. Después de revisar someramente las instalaciones pasa a descansar a unas habitaciones del decanato. Se entrevista con el decano de la Facultad, que le anima a seguir y le desea suerte en la actuación.

No voy a hablar aquí de la actuación, pues ya se ha tratado en esta revista y son conocidos hasta los mínimos detalles. Tras acabar el recital, Raimon pasa de nuevamente al decanato y charla con el decano, que le felicita por su actuación y le agradece su permanencia en Madrid y en la Facultad. A la puerta de la habitación donde se encuentra hay una gran cantidad de personas, amigos, intelectuales y periodistas que quieren hablar con él. Se establece una amigable charla de la que los periodistas intentamos sacar alguna impresión.

--¿Cómo has encontrado al público de Madrid?

--Extraordinario. Nunca hubiera esperado esta acogida que me ha sorprendido felizmente. No me podía esperar que en Madrid fuera tan conocido cuando hacer tres años que no actúo, cuando mis canciones no se oyen por la radio o la televisión y cuando mis discos son distribuidos muy irregularmente. Ha sido una de las actuaciones de mi carrera a la que ha asistido mayor cantidad de público y que se ha sentido más identificado conmigo. Estoy emocionadísimo.

Por la noche cenamos juntos en compañía de los delegados de actividades culturales en un restaurante de Cuatro Caminos.

DOMINGO, 19

Desde las cuatro de la tarde hasta las ocho y media está reunido con el grupo “Canción del Pueblo” escuchando sus canciones y discutiendo sobre los problemas de la canción popular.

--Me resultaba difícil creer que en Madrid hubiera un grupo que intentaba hacer cosas serias, pero realmente me alegra haberos encontrado, y ahora que os conozco y que me he enterado que también hay un grupo de gallegos que canta, me gustaría cumplir una vieja idea. Yo todos los años suelo tener una semana en el Romea, y a ser posible me gustaría reunir a principios del año que viene a gente de las cuatro regiones: Pi de la Serra y yo, dos o tres vascos de “Ez dok amairu”, algunos gallegos, dos o tres de vosotros y, a poder ser, Paco Ibáñez. Porque desde luego una cosa es evidente, si tenemos algo importante que hacer sólo lo podemos hacer si estamos todos unidos trabajando en el mismo sentido. Desde ahora espero que estemos constantemente en contacto.

Por la noche cena con varios directivos de la Editorial Ciencia Nueva, que tiene el proyecto de editar una biografía de Raimon con textos de canciones y con estudios sobre las mismas   que haría el escritor catalán José María Carandell.

LUNES, 20

Se reúne en su hotel con Pi de la Serra, que llega de Barcelona.

MARTES, 21

Se reúne en su hotel con Paco Ibáñez, que viene de actuar en Barcelona.

MIERCOLES, 22

Por la mañana mantenemos una pequeña charla en su hotel en la tratamos principalmente de la canción.

--¿Qué opinas de la canción catalana?

--En un principio la canción catalana era un intento de hacer arte en una lengua un poco dejada de lado, que parecía arrinconada. Naturalmente, cuando se consiguió se vio que no era eso, sino una lengua viva que el pueblo hablaba y entendía. El pueblo pasó a exigir algo más, que aparte de hablar en su lengua se hablara también de problemas que le interesaban. Algunos esto no lo entendieron, y se quedaron atrás. Actualmente la canción catalana es un panorama tan extenso como en cualquier otra lengua y tiene los mismos problemas. Mucha gente que antes cantaba en castellano ha visto que ahora es negocio hacerlo en catalán, y ha empezado a aprovecharse de esta circunstancia, creando, pues, una diversidad de géneros, también con las mismas falsedades que antes hacían en castellano.

--¿Qué opinas del Grup de Folk?

--Es un movimiento interesante. Son gente joven que todavía puede dar mucho de lo que llevan entro, aunque creo que han cargado demasiado las tintas en la imitación de modelos americanos en sus canciones, quizás como una reacción a la anterior canción catalana, que era demasiado francesa, aunque son igualmente perniciosos ambos extremos.

Por la noche actúa en el Colegio Mayor Chaminade, ante cerca de cuatrocientos jóvenes que, al igual que en Económicas, corean y acompañan sus canciones. Ante la petición unánime del público, Pi de la Serra, que se encontraba presente, se ve obligado a interpretar dos canciones entre el clamor y los aplausos del público, que pide más, aunque no puede interpretarlas.

JUEVES, 23

Se suspende su recital en la Escuela Superior de Arte Dramático, lo que da motivo a algunos conatos de protesta por parte de los estudiantes congregados a la puerta de dicho centro. Raimon come y pasa el día fuera de Madrid en compañía de Pi de la Serra, de un delegado de Actividades Culturales y, naturalmente, de su esposa. Por la noche se reúne con varios amigos en casa del escritor y crítico de arte Valeriano Bozal.

VIERNES, 24

A primera hora de la tarde se entrevista con el pintor Juan Genovés, autor de un poster conmemorativo de su estancia en Madrid. Pi de la Serra se va a Barcelona, donde actúa por la noche. Enterado de la suspensión del recital que tenía que dar por la noche junto a Paco Ibáñez, así como el recital por la tarde del grupo “Canción del Pueblo” en el Club de Amigos de la Unesco, al que pensaba asistir como espectador, Raimon decide marchar a Barcelona. A las nueve sale en coche hacia Játiva, a pasar el día siguiente en compañía de su madre para llegar el domingo a Barcelona, suspendiendo un tanto bruscamente su estancia en Madrid, llena hasta ese momento de una intensa actividad.


En la foto: 
1) Annalisa Corti, esposa de Raimon, 
2) Arturo Mora, principal organizador del recital, delegado de la Escuela 
de Ingenieros Industriales. 
y 3) éste cronista, aún con pelo.



RAIMON EN ECONÓMICAS. 40 AÑOS

EL MUNDANO. 18 MAYO 2008


Tengo razones personales para recordar el 18 de mayo de 1968, tanto por haber asistido al famoso recital de Raimon en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Complutense de Madrid --cuyo 40 aniversario se cumple hoy y se que se conmemorará con un nuevo recital dentro de unos días--, como por haber contribuido a su organización.
        
Aquel día había reunión de la célula del PC en la que militaba, y yo me la salté para ir a escuchar a Raimon. Mi libertinaje político-musical no sentó nada bien a mis camaradas, ante los que tuve que hacer en la siguiente reunión la correspondiente autocrítica. Debí decir algo así como que reconocía que había faltado a mí deber de comunista por preferir la música a la disciplina partidaria, pero era mentira y, además, yo tenía razón. Era mentira porque no me arrepentía en absoluto, y la razón estaba de mi parte porque el acto de económicas era mucho más importante “políticamente” que la reunión con mis camaradas, en la que seguramente se debió discutir algo así como cual debía ser el contenido del mural que habría que colgar en las escaleras de la escuela el día siguiente, o sí había llegado el momento de hablar de una vez con Luis Mendo a ver si se conseguía captarlo, que el futuro guitarrista y compositor era “simpatizante”, pero no “militante”.
          
Pero es que hace 40 años las cosas eran así, por mucho que cueste creerlo a quienes no lo vivieron, y ya se sabe que la autocrítica era para los comunistas como la confesión para los católicos: una forma de exorcizar los pecados, religiosos o revolucionarios, y de reafirmar la fe en Cristo o en Lenin, según del lado del que te viniera el dogma.
        
1968 fue un año de cuidado. En el mundo, en Europa, en España, en Madrid, y en su universidad, que es donde transcurre esta historia.

Desde el 66 se habían ido creando en las universidades de toda España el Sindicato Democrático de Estudiantes, que en el 68 ya era un moviendo fuerte, con presencia en todo el estado. Siguiendo el modelo que tanto éxito había dado (y tantos detenidos le había costado) a Comisiones Obreras, que venían existiendo desde las huelgas asturianas de 1962, el movimiento universitario, al igual que el que estaba naciendo en los barrios, combinaba las formas de lucha ilegales (panfletos, sentadas, manifestaciones, asambleas…) con las legales (participación en las elecciones a delegados de curso o facultad, organización de actos culturales…). Con ello se rompía la tradición organizativa que hasta entonces había mantenido las organizaciones antifranquistas, como sucedía en la universidad con la FUDE (Federación Universitaria Democrática Española), centradas en la clandestinidad y la militancia estricta, pero permitió que el SDEU fuera una organización numerosa (entonces se hubiera dicho “de masas”), abierta y apartidista, aunque el peso lo llevaran los partidos clandestinos, a la que cualquier podía pertenecer más o menos sin tapujos.
        
Para conseguir que esa táctica de lucha abierta resultara un éxito eran necesarios actos públicos, multitudinarios y legales, a ser posible, que dieran visibilidad a la lucha, afianzaran la confianza de la gente y demostraran la fuerza del sindicato. En ese contexto (joder, me está saliendo esto como un antiguo análisis para la célula), se pensó en organizar en Madrid un recital de Raimon, sin duda el más representativo de los cantautores del momento y el que mayor cantidad de gente podía reunir.
        
Para 1968, Raimon, que había comenzado a cantar en 1961 y había grabado sus primeras cuatro canciones (“Al vent” incluida) en 1963, era el cantante de mayor reconocimiento, no sólo en Catalunya, sino en el conjunto del estado y en el extranjero. Ya había protagonizado recitales multitudinarios de gran repercusión, como el del Instituto Químico de Sarría en 1966 o el del Palau de la Música Catalana en 1967. Además, había actuado ya en Francia, entre otros sitios en el Olimpia (1966), Alemania, Bélgica, Cuba, Estados Unidos, México, Suiza y otros países, en alguno de los cuales se habían publicado sus discos. En Madrid tan sólo había actuado anteriormente en una ocasión, en un conflictivo concierto en el Club de Amigos de la Unesco de Madrid. En el terreno compositivo, aparte de sus canciones iniciales, que se habían convertido en auténticos himnos generacionales, había publicado ya sus “Cançons de la roda del temps” (1966), sobre poemas de Salvador Espriu, una obra cumbre, a mi entender, de la música popular, con la que queda desmentida su imagen posterior de cantante “panfletario”, que sólo un indocumentado puede sostener, en la que rompía la estructura habitual de las canciones y experimentaba sonidos hasta entonces inéditos, que luego sería calificados como “mediterráneos”.

El recital de Económicas se encargó de organizarlo el comité de los delegados de actividades culturales del SDEUM, del que yo formaba parte como delegado de la Escuela de Ingenieros Técnicos, es decir, de peritos, industriales (ahí es nada). No obstante, quien realmente se ocupó del tema fue Arturo Mora, delegado de Ingenieros Industriales, que fue quien viajó a Barcelona a contactar con Raimon y convencerle y quien más activamente participó en la organización. Arturo era del PCE, con el que rompió durante su posterior estancia en la cárcel, de la que salió para morir pocos años después en un accidente de coche. No recuerdo exactamente a quienes estaban en aquel comité, aunque parece que por allí andaba el posteriormente profesor y dirigente de la Liga Comunista Revolucionaria Jaime Pastor, el luego escritor y periodista Gregorio Morán, entonces delegado de culturales de la Escuela de Arte dramático, creo recordar, y otros cuyos nombres tampoco nos dirían nada hoy en día.
        
El recital fue extrañamente autorizado por el rector correspondiente, que o bien pensaba que sería un mero acto cultural o simplemente quiso dar una muestra de aperturismo. Pero el tiro les salió por la culata.
        
Raimon ha dejado contado en El País cómo viajó hasta Madrid con su mujer, Annalisa, en un 600 y cómo se hospedaron en un pequeño hotel del centro de Madrid. Era el Hotel Madrid, de la calle Carretas, que también utilizaba Paco Ibáñez en sus viajes a Madrid. Recuerdo que allí se reunió Raimon el día anterior con los integrantes del grupo madrileño de cantautores “Canción del pueblo” (Hilario Camacho, Elisa Serna y Adolfo Celdrán, entre otros), pero, en cambio, tengo muy confuso el recital del día siguiente. Raimon, por ejemplo, aseguraba en La Sexta que al final se había previsto cantar la Internacional, pero que no se pudo porque nadie se la sabía. Estoy seguro que nadie se la sabía, pero en cambio no tengo yo recuerdo de esa previsión de cantarla. Sí que me acuerdo perfectamente, en cambio, de que se repartieron unas hojas ciclostiladas con las letras de las canciones en versión catalana y castellana, cuya portada figura aquí; unos papeles que, por cierto, nos sirvieron para ocultar la cara ante cualquier flash que estallara ante los que estábamos sentados alrededor del cantante en las escaleras, junto a Annalisa, que nunca se sabía qué policía podía estar detrás de la cámara.
        
Lo que sí recuerdo perfectamente es la sensación que me provocó el acto, que fue mucho más que un recital. Posteriormente he vuelto a visitar la facultad de Económicas, y con los años su entrada siempre me ha parecido pequeñísima, pero aquel 18 de mayo, absolutamente abarrotada de estudiantes, con pancartas con las más diversas consignas que colgaban de las barandillas, como recuerdan las fotos, resultaba realmente enorme y reconfortante. Cuentan las crónicas que acudieron 6.000 personas, quizás una miseria ahora, pero una barbaridad para aquellos años, aunque podían haber sido más o menos y el efecto sobre cada uno de los que lo vivimos  hubiera sido similar. Es curioso que el mejor retrato de aquel acto lo realizara el propio Raimon en su “18 de maig, a la villa”, que, por otra parte, refleja perfectamente mis propias sensaciones de aquella ocasión, o, al menos, lo que yo recuerdo de aquellas sensaciones:

Y la ciudad era joven/ aquel 18 de mayo/ Sí, la ciudad era joven,/ aquel 18 de mayor/ que no olvidaré nunca.// Por unas cuantas horas/ nos sentimos libres,/ y el que ha sentido la libertad/ tiene más fuerzas para vivir.// De muy lejos, de muy lejos,/ llegaban todas las esperanzas,/ y parecían nuevas,/ recién estrenadas:/ de muy lejos las traíamos.// Por unas cuantos horas/ nos sentimos libres,/ y el que ha sentido la libertad/ tiene más fuerzas para vivir.// Una vieja esperanza/ encontraba la voz/ en el cuerpo de miles de jóvenes/ que cantaban y que luchan.// No lo olvidaré nunca,/ no lo olvidaré nunca,/ aquel 18 de mayor/ en Madrid”.

Ese sentirse libre durante unas horas que canta Raimon es la sensación fundamental que yo tengo en mi memoria del recital. Sentirse libre y, además, acompañado en esa libertad por miles de personas de las que, sin conocerlas, sabías que, excepto los policías infiltrados que hubiera, que os puedo asegurar que serían unos cuantos, pensaban y sentían como uno mismo. Y todo ello alrededor de un cantante y unas canciones que podían gustarte más o menos (a mí personalmente me parecían y me siguen pareciendo excelentes), pero que, en cualquier caso, reflejaban las mismas ansias, las mismas esperanzas, los mismos deseos y aspiraciones que uno mismo podía tener. Una sensación así no es la simple identificación con un músico al que admiras o la emoción ante unas canciones que te gustan. No es comparable con la identificación que se da con un cantante de éxito comercial que llena plazas de toros. Entre otras cosas, porque en aquel sitio y en aquel momento, los participantes también compartían la sensación de peligro que significaba vivir y luchar en una dictadura, con la posibilidad de ser apaleado, detenido, torturado, o, como aquel mismo año le sucedió a Enrique Ruano, tirado por una ventana. Esa identificación entre los asistentes, y a su vez entre estos y el cantante, que visto desde ahora no dejo de reconocer que tenía mucho se sentimiento cuasi-religioso, provoca unas sensaciones, que, os lo aseguro, se vive pocas veces en la vida, y aquel 18 de mayo se vivió. Fue, ante todo, algo que nos dio “más fuerzas para vivir”.

1) Gregorio Morán, delegado de actividades culturales de la Escuela de Arte Dramático. Escritor, politólogo y periodista.
2) El cronista con pelo.





jueves, 9 de mayo de 2013


Raimon. Primera actuación en Madrid. 1965 Club de Amigos de la Unesco.







Estamos en mayo y el próximo 18 habrán pasado cuarenta y cinco años del famoso, y de alguna manera histórico, recital de Raimon de esa fecha de 1968 en la Facultad de Ciencias Económicas de Madrid. Como del tema ya escribí en EL MUNDANO con motivo del cuarenta aniversario, y dada mi habitual falta de respeto por los aniversarios, prefiero colgar hoy un texto sobre la primera actuación de Raimon en Madrid, el 1 de noviembre de 1965, mucho menos conocida y desde luego también histórica, pues era la primera vez, como se explica en el texto que la lengua catalana se podía escuchar sobre un escenario en Madrid desde su toma por los sublevados en 1939. Como se verá, también este primer recital madrileño se desarrolló en medio de problemas, cómo sucedería en el de 1968 y volvería a suceder en Febrero de1976 en el Pabellón de Deportes del Real Madrid, una actuación que, por los tiempos que corrían, la popularidad de Raimon en aquel momento y la significación política que se le dio fue mucho más publicitado.


El texto que reproduzco se publicó el año pasado en el libro “TANTAS VIDAS, TANTAS LUCHAS / Club de Amigos de la Unesco en Madrid 1961-2011”, y quizás sea conveniente ponerlo en contesto explicando que es el CAUM, aunque siempre se puede visitar su página Web:

Creado en 1961, el CAUM fue durante el franquismo, sin ningún género de dudas, el centro de cultura antifranquista y democrática más importante y relevante de España, con el añadido de ser una asociación eminentemente popular, formada no sólo por intelectuales, sino, sobre todo, por obreros, empleados, estudiantes... Hubo de sufrir constantes cierres, suspensiones, prohibiciones y censuras, e incluso un atentado con bomba en la transición, pero por allí pasaron los nombres más importantes de la cultura, el pensamiento, el arte o la ciencia de aquellos años, desde Alfonso Sastre o Buero Vallejo a Aranguren, Eloy Terrón, Fernando Fernán Gómez o Ruiz Jiménez, de Carlos Saura, Berlanga o Bardem a Genovés, José María Moreno Galván, Faustino Cordón o Gaya Nuño. En el terreno de la música actuó Raimon, pero también Paco Ibáñez (bueno, Paco no, que lo prohibieron), Elisa Sera, Hilario Camacho, Cachas, Quintín Cabrera, Adolfo Celdrán, José Menese, Luis Pastor, Las Madres del Cordero, Gerena y un largo etcétera. En la actualidad sigue siendo un centro de cultura crítica y resistencia ciudadana, que no es poco en estos tiempos que corren.

Recuerdo aparte tiene que tener el autor de las fotos, que son la auténtica crónica de la actuación desde su preparación hasta el post-recital.  Manuel de Cos, que de él se trata, es un personaje singular con una vida extraordinaria y unos valores morales fuera de serie. Nacido en 1920 en un pueblecito de Santander y pastor en la infancia, sufrió prisión desde 1937 a 1940, básicamente por ser hijo de familia de izquierdas cuyo padre luchó en zona republicana para luego exiliarse y morir en Mathausen. Manuel participó en la guerrilla antifranquista, y al disolverse esta se dedicó al comercio de bisutería mientras continuaba su acción clandestina en el PCE. Paralelamente, desde los años cincuenta desarrolló una intensa actividad fotográfica, no profesional, que no ha cesado hasta ahora. La última vez le vi en la televisión, con 93 años, fotografiando la última concentración ante el Congreso.

Nunca fue un fotógrafo profesional, pero su obra tiene un valor escelcional. Aunque una parte de su archivo ha sido comprado por la Biblioteca Municipal y otra parte por la Fundación Botín, aún conserva (y no exagero) decenas de miles de negativos y miles de horas de grabaciones en video, básicamente de tres temas: las actividades de la izquierda en España (con la del CAUM, del que es socio, en primer lugar), la conservación de la naturaleza y su tierra de Santander. Todo ello constituye un archivo de imágenes único en España.

Vamos ya con el texto. 1965 había sido un año extraordinario para el CAUM, que ya llevaba cuatro años funcionando. El año anterior habían estrenado nueva sede en Tirso de Molina (la misma de la que ahora deberán irse porque una constructora ha comprado el edificio y seguro que quieren hacer un centro comercial de lujo en él), se habían dado a conocer entre la sociedad antifranquista madrileña y había crecido espectacularmente el número de socios. Para cerrar el año se realizó una campaña de promoción de la revista El Correo de la Unesco, cuya difusión era entonces, aunque parezca increíble, subversiva, aunque no ilegal, que se pensaba concluir en el Teatro de la Zarzuela con el número fuerte de la presentación de Raimon en Madrid.
Esto es lo que sucedió:




Al fin llegó el momento de la traca final de la campaña, el festival que se iba a celebrar el 1 de noviembre nada menos que en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, al que se le habían pagado 10.000 pesetas de alquiler, y que debía ser algo así como la presentación en público del Club, una especie de puesta de largo tras un par de años de constante y acelerado crecimiento y actividad. El programa se había preparado con cuidado para que diera una idea exacta de lo que era la asociación, sus intereses y sus principios. Tras unas palabras de Rafael Taibo y del periodista Pedro Altares, secretario de redacción por aquel entonces de la revista Cuadernos Para el Diálogo, de la que luego sería director, se proyectaría un documental sobre la Unesco, seguido de un recital sobre La poesía y la Paz, con textos de Pedro Salinas, Miguel Hernández, Ángela Figueras, Ramón de Garciasol y Nicolás Guillén que declamarían los actores del grupo teatral del Club, y de la escenificación de un cuadro de la obra Historias para ser contadas, del argentino Osvaldo Dragún, entonces una promesa y luego una realidad del nuevo teatro latinoamericano. El número fuerte, sin embargo, el que debía ser el principal atractivo de cara al público joven y comprometido al que se quería llegar con el espectáculo, era la presentación en Madrid del cantautor valenciano Raimon, que desde hacía un par de años había descubierto, primero a los catalanes y luego al resto de los españoles, que la canción no era sólo una forma de entretenerse o bailar, sino también de pensar, de denunciar y de expresar en versos y música lo que muchos pensaban en prosa.

Esta actuación ocupa un cierto lugar en la historia de la música popular de España. No sólo se trataba del primer recital de Raimon en Madrid, dos años y medio antes que el más cacareado de Económicas, sino que era también la primera vez que un miembro de la nova canço actuaba para los madrileños, prácticamente la primera vez que en Madrid se iba a cantar y hablar en catalán sobre un escenario desde antes de la dictadura.

Tal vez para ir calentando ánimos, en junio se publicó en el boletín el artículo Raimon, un poeta que canta en catalán para el Pueblo, del que quizás merezca la pena reproducir una parte porque deja claro el respeto y la compenetración del Club con Raimon, y con él al naciente movimiento de los cantautores: “Faltaba una canción popular digna, sin concesiones ni memeces epilépticas y entontecedoras, una canción que aportase creadoramente, que hiciese de la poesía cantada un medio estimulante y renovador para la juventud, que pusiese letra y música al servicio del progreso humano, mediante la interpretación honesta de la realidad, con un sentido crítico, valiente y sano. Raimon, el poeta que canta para el pueblo, se ha ganado la simparía de la juventud con sus canciones en catalán, convirtiéndose en ejemplo y guía de los que medran con sones facilones. Raimon, en contraste con los ídolos de pasta del microsurco, es un joven sin afectación, sin “pose”, sincero y lleno de naturalidad, propio de una mente honesta y sana”, explicaba el artículo, que acababa con una selección, en catalán y castellano, de algunas estrofas de las canciones de Raimon, encabezadas por un fragmento de Al vent, que ya era todo un himno popular en ciertos ámbitos políticos y culturales.

En la crónica gráfica de Manuel de Cos se pueden seguir paso por paso los muchos esfuerzos que realizó el Club para difundir y promocionar el festival. Se imprimió un gran cartel en el que se anunciaba todo el programa, destacando al final la actuación de Raimon y explicitando en un recuadro la intencionalidad del acto y del Club: “Suscribirse a El Correo es estar junto a LOS DERECHOS HUMANOS DE TODOS, UNA EDUCACIÓN Y CULTURA PARA TODOS, UNA CIENCIA AL SERVICIO DE TODOS, UNA PAZ QUE BENEFICIE A TODOS”. No hay que pensar mucho para percibir que a las autoridades de aquella España con las cárceles llenas de presos, que apenas hacia un año acababan de conmemorar los 25 Años de Paz poniendo en marcha toda su traca propagandística, aquellas cuatro peticiones no les debieron sonar a trigo limpio. Socios y socias recorrieron Madrid pertrechados de cubo y engrudo para pegar aquellos carteles, junto a un póster el cantautor, por las tapias de la ciudad, en las que compartían anuncio con los espectáculos del momento. El grupo Los Relámpagos actuaba en el Club Caravelle y Los Archiduques en el Victoria, Celia Gámez tenía en el Teatro Maravillas la revista “Aquí la verdad desnuda” y en el propio de la Zarzuela, por cuyo escenario acababa de pasar el bailarín Antonio con su último ballet flamenco, se anunciaban para pocos días después un festival de los Coros y Danzas y una actuación de Raphael. Se remitieron invitaciones a los periódicos y se pidió ayuda al departamento de artes plásticas para realizar un decorado original, que al final corrió a cargo del miembro de Estampa Popular Manuel Calvo, quien decidió cubrir todo el fondo del escenario con siluetas simplificadas y recortadas de personas en diferentes colores.

Se acercaba el día y ya se habían vendido las algo más de 1.200 localidades del teatro, a precios que iban desde las 15 pesetas de una butaca del primer piso a las 120 por las que salía un palco con seis sillas. Alguien debió pensar que aquel revuelo provocado por el anuncio del festival iba más allá de lo permisible y se prohibió el acto. Pese a ello, después de negociarlo, se consiguió que se pudiera hacer, aunque no en el Teatro de La Zarzuela, sino en el propio local del Club, y no abierto a todo el mundo sino exclusivamente a los socios. A toda prisa se montó en el salón de actos el decorado y allí se trasladaron todos con el entusiasmo de equipaje.

Aquel uno de noviembre, siempre según las fotos, antes de la hora anunciada, las seis y media de la tarde, y cuando todavía no se había acabado de preparar el local, comenzaron a llegar los primeros espectadores, que pronto llenaron, primero el salón de actos, donde la gente que no pudo sentarse se apretaba de pie entre las sillas, y luego los pasillos, hasta acabar por ocupar las escaleras, salir a la calle y derramarse por la plaza. Fue preciso improvisar sobre la marcha unos altavoces que se colocaron en los balcones para que todos pudieran seguir el recital. Se cumplió el programa completo, aunque lo que sin duda se convirtió en un recuerdo imborrable para quienes asistieron fue la actuación de Raimon. 

En las imágenes casi se puede escuchar al cantautor, tan joven que no cumpliría los 25 años hasta el mes siguiente, que con el pie derecho subido en una silla de tijera y la guitarra apoyada en la pierna interpretó ocho de sus canciones más conocidas del momento: Al vent, Som, La pedra, La nit, Canço de les mans, D’un temps, d’un país, Ahir y Cantarem la vida. Los asistentes, entusiasmados, aplaudieron
hasta romperse las manos, acompañaron con sus voces algunos de los temas y al final acudieron a que Raimon les firmara algunos de aquellos primeros discos que había grabado. En la calle, escondidos tras la esquina de la calle de la Espada --las imágenes no mienten--, una furgoneta de la policía y varios agentes uniformados vigilaban que la cosa no se saliera de madre. No hubieran hecho falta, pues nada pasó, pero allí estaban.


Con la decisión gubernativa de prohibir el festival en el Teatro de La Zarzuela y autorizarlo, en cambio, en los locales del Club, se inauguró una política represiva que en los años posteriores se aplicaría con verdadera inquina: la de los actos sólo para socios. Con ello se pretendía, parece evidente, que no se extendiera el contagio. Ya que la existencia del Club y su éxito les había pillado por sorpresa, se trataba de poner en práctica la idea de que metiendo todas las manzanas podridas en la misma cesta se acelera la descomposición del conjunto. No suponían que había muchas manzanas deseando entrar en la cesta, aún a riesgo de pudrirse. 

Le gente llegaba hasta la calle
Aquel primero de noviembre se dieron de alta en el club cuarenta y siete nuevos socios, entre los que figuraban algunos cuyos nombres se harían populares con el tiempo, como el autor de historietas dibujadas, escritor y profesor universitario Iván Tubau, el sociólogo Vidal de Nicolás, el periodista Javier Alfaya, Sabina de la Cruz, esposa del poeta Blas de Otero, o José Luis Núñez Casal, que con el sobrenombre de Patri ocuparía un lugar destacado en la creación de los primeros despachos laboralistas y en la organización de abogados del PCE. 

Y los grises tras la esquina


A mi entender, una obra maestra.
Dedicada a Annalisa, su compañera desde siempre.


Para acabar esta entrega, un par de documentos gráficos sobre el recital de mayo de 1968 que no están en el texto de EL MUNDANO.

 
Siempre he querido contarme en esta foto, que tuve, perdí y reencontré en los periódicos en el 40 aniversario. El segundo por la derecha, medio tapado, con gafas y aún con pelo, una servidora. A la derecha, en primer plano, Arturo Mora, organizador fundamental del recital. Un poco más arriba, con la cara totalmente descubierta, Annalisa Corti, la protagonista de Com un puny.
NOTA INFORMATIVA: Se observará la cantidad de gente que intenta taparse la cara. Nunca se sabía. El fotógrafo podría ser un "social" con cámara. En esta ocasión no lo era.
Probablemente el artículo más raro de mi vida. Publicado en Discóbolo en junio de 1968, en realidad es un simple diario de la semana que Raimon pasó en Madrid con motivo del recital. si lo ampliáis igual se puede leer.